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Gallinazos sin plumas

La noche había estado bastante tranquila. No habia tanto bullicio. Le habían dicho que su Lima, su querida Lima se había convertido en un caos, en un pandemonio. Que la mítica avenida Tacna había sido fagocitada por los micros. Que los gallinazos se habían mudado al convento de San Francisco porque los evangelistas habían tomado por asalto los cines del centro de Lima y habían ordenado capturar todo gallinazo que aterrizara en sus azoteas para ser vendidos como conejillos de indias a los laboratorios farmacéuticos.

Guillermo Ventura se durmió cerca de las dos de la madrugada. Estaba agotado. Cruzar los andes por el “Paso de Jama” en la frontera de Argentina con Chile le habían quitado las últimas fuerzas. La caminata había sido larga y tediosa. Los caminos angostos no ayudaron a la marcha. Las mulas lo atravesaron a paso lento, como si estuvieran acompañando la procesión del Señor de los Milagros en su recorrido por la calle Conde de Superunda en Lima. Tres meses. Tres meses le costó recorrer el Camino Real desde Buenos Aires hasta Lima.

Cuando llegó a Atocongo, la noche ya había empezado a deslizarse por el cerro San Cristóbal. Bajaba raudamente que con las justas le permitió llegar con su piara de mulas hasta la avenida Tacna con la esquina Nicolás de Piérola para finalmente depositarlas en los corrales ubicadas en el barrio de Monserrat a dos cuadras de la recién inaugurada comisaria.

Arrastró sus pies hasta la avenida Tacna con Jirón Callao para descansar en el posadero ubicado en el segundo piso que estaba regenteado por “Miquita”, otrora gran Actriz Limeña que ahora ya estaba en decadencia.

“Los años no llegan en vano”, fue su último pensamiento antes de quedarse dormido.

Cerca de las cinco de la mañana, Lima tembló. Se despertó sobresaltado. Por algunos segundos pensó que estaba soñando, luego pensó que estaba teniendo un mareo producto del agotamiento del largo viaje. Finalmente se dió cuenta que Lima estaba temblando. Duró pocos segundos, los suficientes para despertarlo. No pudo volver a dormir. Se levantó, caminó hasta la habitación de su madre, abrió la puerta muy despacio, dormía. No quiso despertarla, cerró la puerta.

Treinta años. Habían transcurrido treinta años desde aquella vez que partió rumbo al sur buscando el verdadero origen de los Ventura. Había tenido éxitos y fracasos. Se había cruzado en la Patagonia con Florentino Ameghino que andaba buscando fósiles prehistóricos. Se había cruzado con un tal Martín Fierro, quien le dió unos consejos que le han servido a lo largo de la vida: “Los hermanos sean unidos, esa es la ley primera. Porque si entre ellos se pelean, los devoran los de afuera”, le dijo. Se había cruzado con un naciente escritor quien le hizo leer el borrador de un texto donde había miles de ideas describiendo al Hombre, no cualquier hombre, sino uno en particular: “El hombre mediocre es una sombra proyectada por la sociedad, es en esencia imitativo y está perfectamente adaptado para vivir en rebaño, reflejando las rutinas, prejuicios y dogmatismos reconocidamente útiles para la domesticidad… La psicología de los hombres mediocres caracterízase por un riesgo común: la incapacidad de concebir la perfección, de formarse un ideal. Son rutinarios, honestos y mansos. Piensan con la cabeza de los demás, comparten la ajena hipocresía moral y ajustan su carácter a las domesticidades convencionales. Están fuera de su ingenio, la virtud y la dignidad…” (José Ingenieros).

Guillermo Ventura cuando llegó a su querida Lima temió lo peor. Le habían hablado de una gran transformación y nada de eso encontró. Le dijeron que los gallinazos se habían convertido en Frailes Franciscanos, sin embargo aquella mañana cuando despertó y se asomó por la ventana de su habitación que daba a la avenida Tacna, descubrió a lo lejos a un gallinazo volar sobre el viejo edificio del canal dos y se posó en una de las antenas abandonadas. Al día siguiente cuando salió a correr por la remozada Alameda, cuyo espacio hace unos veinte años atrás le pertenecía al colegio Santo Tomás de Aquino, luego una parte convertido en el campo ferial “Polvos Azules”, al asomarse a la orilla del río Rímac descubrió una bandada de Gallinazos que se peleaban por un trozo de carne que encontraron en la basura. Los gallinazos, esos plumíferos habitantes de Lima todavia seguían siendo parte de su idiosincrasia, al igual que las gaviotas, las ratas, las putas y el smog.

Descubrió que habían aparecido unos gallinazos desplumados. Quizás salieron de las caracumbas del convento de San Francisco, quizás salieron de la ribera llena de basura del río Rímac, quizás se cayeron de los vagones del tren que llega a las seis de la tarde de las minas de la Oroya. No se puso a analizarlo. Le causó sorpresa ver tantos gallinazos desplumados haciendo una larga fila en el Jirón Chancay, detrás del Convento de Las Nazarenas. Le preguntó a su madre. Ella fue simple en su respuesta: “Son pordioseros que vienen a almorzar. Las monjitas los atienden bien”. Le sorprendió ver demasiados gallinazos desplumados con edades similares a sus abuelos. ¿Dónde está ese maravilloso crecimiento de Lima, del que me hablan? ¿Dónde esa modernidad que tanto me han contado? Fueron preguntas que le nacieron.

Guillermo Ventura llegó a su querida con los ojos bien abiertos y la mente libre de prejuicios para observar. Hasta ahora en lugar de crecimiento ha visto un retroceso. Abunda la mala educación, abundan las casas viejas y destartaladas a punto de caerse. Le gusto el orden vehicular de la avenida Tacna. Algunas construcciones no las comprendió, quizás con el correr de las semanas las entienda. A veces cree que se encuentra en el Laberinto de Tebas y que Lima es el Minotauro a quien debe vencer, mientras tanto los gallinazos con o sin plumas siguen revoloteando sobre el cielo de Lima.

Encuentro con su Destino IV

La rutina en el mes de diciembre, allá por la década del setenta, en el pueblo, pasaba por adornar las casas con motivos navideños. El 8 de diciembre habitualmente solía armarse el arbolito al mismo que lo poblaban con miles de pelotitas de colores, de cintas, de guirnaldas. Los que tenian algo más de dinero colocaban algún regalo. Los más pobres se arreglaban como podían. El armado del nacimiento era una cuestión de status. Estaban los mas pomposos, con San José, la virgen María, el niño, los pastores, los reyes magos y hasta los animales con materiales exquisitos y colores relucientes. Los menos pudientes armaban el nacimiento con una caja de cartón, algunos diarios y lo que encontraban a mano. Aún asi, todo se vivía con emoción. La familia era lo que más importaba.

En la casa de Guillermo Ventura no sobraba el dinero, asi que nunca se armó un arbolito. Sin embargo, eso, nunca lo hizo sentirse menos. Disfrutó la infancia como cualquier niño de su edad. 

  • Vamos Guillermito, sigue el ritmo y no te separes de tu pareja – dijo doña Hortensia.
    Se puso de todos los colores, pero siguió con el ritmo. De pronto, ella le tomó de la mano. 

  • Ven, no te quedes. Yo te voy a enseñar, ya vas a ver que los pasos son simples- le dijo.

A él, le pareció que su sístole y su diástole se entremezclaron y golpetearon como caballo desbocado. Ya se habia acostumbrado que las amigas de su madre le apretaran los cachetes cada vez que iban a su casa, pero a sus cinco años, ninguna chica la habia tomado la mano de ese modo. Se sonrojó. La miró. Se quedó quieto durante una milésima de segundo, tiempo suficiente para descubrir que Teolinda tenía el mismo color de ojos que los de su madre. Se tranquilizó. Apretó sus manos con fuerza. Ella sonrió.

  • Vamos a estar bien, ya verás que nos aprenderemos la coreografia – le dijo.

Teolinda, era la hija menor del “Chivatero” quien solia ir de tanto en tanto al pueblo ya que debia cuidar sus cabras en el cerro de los zorros y eventualmente de algún puma. Ella era flaquita, tenía dos años mas que él. Vivía en una casa alquilada que estaba detrás de la iglesia del pueblo. 

Durante las siguientes semanas, puntualmente asistió a los ensayos. Al llegar al dia dieciocho ya eran un grupo. Eso no evitó que los “compañeritos de danza” le dieran su tunda de la semana cada vez que lo encontraban sólo en la calle. Él nunca se quejó. Se lo aguantó. Sin embargo, una tarde a su regreso del colegio.

  • ¿Por qué no me contaste que los chicos del colegio te están pegando? – lo interrogó su padre.

Guillermo Ventura, en esa época no tenia idea del bullying ni de acoso u otras yerbas. Se quedó callado, mas por miedo que su papá lo castigara por no haberle contado. No tenia salida. Si le hubiera contado , su padre le habria dicho lo habitual: “A un hombre si le pegan se defiende y se le ganan, se lo aguanta. Se quejan las mariquitas”; como no le contó quizás lo terminaría castigando  y lo que es peor, los chicos de la escuela lo llamarían “Soplón”. 

  • Ya sé quienes son. Ahora voy a hablar con la maestra y con los padres de esos “Tyson” de pueblo chico – dijo su padre.

Al dia siguiente, mientras estaban en clase todos vieron entrar al colegio a don Ambrosio Ventura. La señorita apenas lo vió se puso nerviosa. Ya conocía el carácter del Sr. Ventura, sabia que era un hombre de pocas pulgas.

  • Buenos dias Señor Ventura. ¿Qué lo trae por la escuela?- dijo la señorita saliendo a su encuentro… (CONTINUARÁ…)

Al final hay recompensas

La mañana había amanecido nublado, con algunas gotas cayendo de tanto a tanto. Era un día para la melancolía, para quedarse en la cama y seguir soñando. A veces los sueños se hacen realidad. A veces suceden los milagros de maneras imprevistas, aparecen sin que se los llame. No necesitan que se los notifique fehacientemente. Son puntuales. No te avisan, llegan y punto. ¡Ay, pobre de aquél que no se encuentre bien despierto.

El día que Simón Bolívar dijo lo que no dijo

Hace unos días atrás me encontré con una sorpresa. Estaba revisando mi cuenta de twitter cuando de pronto me llega una imagen de un personaje de la historia del Perú diciendo “Desde este momento el Perú es libre e independiente, por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa que Dios defiende. ¡Viva la Patria. Viva la Libertad, Viva la Independencia!. Siempre me enseñaron en la escuela que lo había pronunciado el Generalísimo Don José de San Martín.

¡Oh. Sorpresa! A Simón Bolívar le estaban haciendo decir algo que nunca dijo y creo que tampoco lo pensó. Es decir, Simón Bolívar dijo lo que no dijo.

Juremos ser Siempre Unidos y Ayudarnos sin Distinción

El primer recuerdo que tengo sobre “Las Fiestas Patrias” en el Perú, es aquella cuando iba a la escuela primaria y estábamos aprendiendo las estrofas del Himno Nacional del Perú para cantar el día de la celebración central: El 28 de Julio.

Conforme fui creciendo y aprendiendo historia del Perú, particularmente la época de las guerras por la independencia de España, fui sintiendo en mi, ese algo que me hacía querer a la patria de una forma indescriptible con palabras. La forma particular como nacieron los colores de la bandera.

El veintiocho de julio en el Perú

Mes de Julio, mes de entusiasmo, mes de alegría, mes de orgullo peruano, mes de la independencia del  Perú. País de lugares extraordinarios, comidas exóticas  de gran gastronomía, la historia plasmada en sus tierras en toda la extensión de nuestro territorio.   Las costumbres perduran mientras el pacifico acaricia sus costas y suspiramos al recordar esos gratos momentos, los que estamos fuera de las fronteras.

Los Desahuciados Sociales en Buenos Aires

En las últimas décadas la sociedad se ha transformado. En muchos casos, ha mejorado, en otros se ha convertido en trampa mortal para muchos incautos, arrastrando a los más vulnerables a los peores abismos, del cual muchos, jamás saldrán.

En alguna época la Avenida Corrientes en la Ciudad de Buenos Aires fue el lugar de los grandes teatros y de los grandes espectáculos revisteriles. Fue un lugar de las grandes divas. Eso fue en antaño.

“La Camisa de Margarita” – Ricardo Palma

La Camisa de Margarita corresponde a una recopilación de los cuentos y leyendas en el Perú por parte del escritor Ricardo Palma, ha servido para construir el “Ser” Peruano luego de la finalización de las guerras de la Independencia.  Esa recopilación le llevó varios años, mientras era director de la Biblioteca Nacional de Lima. El texto se ha mantenido inalterable y ha contribuido a conocer las historias de los pueblos.

Mi soledad está acompañada

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            Mi soledad está acompañada

Habituado a los golpes, sobre a todo a esos golpes que llegan de sorpresa. Esos que te agarran con la guardia baja y que si no estás bien asentado en el suelo pueden lanzarte por los aires o lo que es peor pueden noquearte. Esos golpes que llegan, golpean y se van raudamente para no hacerse cargo de los daños y menos de las víctimas,  pero Guillermo Ventura no se inmutó cuando al mirar el almanaque descubrió que hoy, era sábado, el último sábado del mes de agosto.

Un café y nada más

cafe_y_nada_mas_500x300La tarde en la ciudad va cayendo lentamente sin que podamos evitarlo. Las pocas luciérnagas que la habitan como meros vagabundos o “cirujas” (pordioseros) pululan por las calles luchando desesperadamente para no volverse invisibles. Las millones de luces las encandilan y con el tiempo se van convirtiendo en seres que simplemente vagan de un lugar a otro sin sentido, sin aportarle nada a la naturaleza y menos a la ciudad.